la anécdota ajena
No come carne.
Cuando era chica, muy chica, recuerda haberse tragado entera la bola de un chupetín mientras su abuela planchaba. Nunca se lo contó a nadie, no quería asustar a su mamá.
¡De paranóica! Imaginate cuanto se podría haber llegado a asustar. Aún hoy no se lo mencionó.
Como sintió la bola en la garganta durante meses dejó de comer algunas cosas.
La carne no le pasaba, no podía tragarla. Así que dejó de comerla.
Y no fue fácil: tuvo peleas enormes con la mamá por eso. ¿No lo querés?¡No lo comas! Paf, bife con plato y todo contra la pared. La que limpiaba era la vieeja, igual.
Ella se lo quería decir, pero no quería que se asustara. Tendría tres años.
Finalmente la mamá se rindió y ella nunca volvió a la carne. Hasta ese día comía. Le da asco la textura, la mastica y...
Igual, queso desde antes que no comía.
lunes, 16 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
comentario censurado por revelar la identidad de la anécdota ajena
Publicar un comentario